Por: Nancy Handal de Mejía
Mi hermana fue asesinada brutalmente en su propio hogar, un espacio que debía ser seguro. Recibió 36 puñaladas. Su vida fue arrebatada de la forma más cruel imaginable. Como si esto no fuera suficiente, el agresor también acabó con la vida de su perrita e hirió a cinco personas más.
Sin embargo, hoy nos enfrentamos a una decisión judicial que nos deja sin palabras: un “No ha lugar” que impide que el responsable sea procesado, alegando que actuó bajo un brote psicótico.
Nos preguntamos, con el corazón desgarrado: ¿acaso la vida de mi hermana no tiene valor? ¿Dónde queda la justicia para una mujer buena, que estaba en su hogar, sin hacer daño a nadie? ¿Qué mensaje estamos enviando como sociedad cuando un crimen de esta magnitud no enfrenta las consecuencias que merece?
Entendemos que la salud mental es un tema serio y debe ser tratado con responsabilidad. Pero también creemos firmemente que esto no puede convertirse en un vacío donde la justicia desaparece y las víctimas quedan en el olvido.
Hoy no solo lloramos su pérdida. Hoy exigimos respuestas. Exigimos justicia. Exigimos que este caso no sea silenciado ni olvidado.
No podemos permitir que la violencia más atroz quede sin consecuencias. No podemos aceptar que el dolor de una familia no tenga peso ante la ley.
Por mi hermana, por su memoria, y por todas las víctimas que merecen justicia: no nos vamos a callar.
Esto no puede llamarse justicia.
Nancy Handal de Mejía

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